jueves, noviembre 5, 2026
DEPORTES

El coreógrafo de Showmatch que lleva la salsa y la bachata a las plazas de la Ciudad

Con una larga trayectoria en la danza y pasos por la televisión, Jorge Quenaya transforma las Estaciones Saludables de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en espacios de encuentro, bienestar y movimiento para personas de todas las edades.

En el corazón del Parque Chacabuco, cada sábado por la tarde, decenas de vecinos se reúnen en la Estación Saludable ubicada en la esquina de Emilio Mitre y Asamblea para moverse al ritmo de la salsa y la bachata. Al frente de esta clase gratuita y abierta a todo el público está Jorge Quenaya, más conocido como “El Chino”, un apasionado bailarín que hizo de la danza no solo su vocación, sino también un puente hacia la comunidad.

Durante la semana, las clases suelen convocar a personas mayores, mientras que los fines de semana se acercan participantes de todas las edades. En este sentido, “El Chino” explicó que lo que busca en sus clases es que se genere un ambiente cálido y colectivo: “Lo que nosotros buscamos en sí es que todos sean compañeros y sean unidos”. En la misma línea, una de sus alumnas, Cecilia, quien baila desde hace más de diez años, expresó: “Sus clases son increíbles y nos cuida mucho. Y es muy técnico, muy variado. Cada sábado es una historia distinta”.

Las clases de Jorge no solo son una excusa para mover el cuerpo. También funcionan como un espacio de socialización, contención y disfrute compartido. “A veces vamos todos juntos a merendar, otras veces vamos a bailar a algún lugar. Se sigue la relación nuestra por fuera de lo que es la clase”, relata Cecilia, reflejando el espíritu de comunidad que se construye clase tras clase.

A su vez, Jorge encuentra en estos géneros musicales latinos una herramienta para conectar con los demás y consigo mismo. “No son bailes académicos. No necesitás una condición, sólo querer pasarla bien y cambiar la cabeza”, destacó. Esta visión también la comparte Cecilia, quien remarcó que “son ritmos para todas las edades, entonces es divertido y me parece que es una buena opción para todos”.

La historia de Quenaya con el baile comenzó cuando tenía apenas nueve años. Desde entonces, transitó por numerosos estilos: ballet, clásico, folklore, tango, jazz, entre otros. Compitió en diversos certámenes, ganó premios y cosechó reconocimientos. Sin embargo, tiene claro que, en el mundo de la danza, la competencia siempre deja algo: “O ganás o aprendés. No se pierde”.

En su recorrido profesional, trabajó como jurado, coach y coreógrafo. Participó en programas televisivos como Showmatch y colaboró con la familia de Julio Bocca, uno de los directores del Teatro Colón. Pese a ese camino ligado a lo artístico y mediático, Quenaya encontró en la docencia su verdadera pasión. A lo largo de los años, dio clases a niños, adolescentes, personas mayores y también a personas con discapacidad. Hoy, con 41 años, continúa enseñando con la misma entrega que cuando comenzó, adaptándose a las lesiones que el tiempo y el esfuerzo dejaron en su cuerpo.

En tanto, las Estaciones Saludables de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires funcionan como una red de espacios comunitarios que promueven el bienestar físico y emocional. En total, son 14 las ubicaciones distribuidas en distintos parques y plazas, donde se dictan clases de salsa, bachata y otros ritmos latinos. Además, se ofrecen prácticas de Tai-Chi, yoga, elongación, newcom y talleres de cerámica, dibujo y estimulación cognitiva, entre otras actividades.

“De eso se trata: de vivir intensamente cada momento, de no dejar de desafiarse nunca y de mantenerse activos física y mentalmente”, señaló el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, al referirse a la importancia de estos espacios al aire libre.

Por su parte, Cecilia resalta que la danza ocupa un rol esencial en su vida: “Es una actividad que me mantiene ágil y conectada, o sea que puedo conectar mi cabeza con mi cuerpo. Y puedo socializar mucho. Si estuviera en mi casa estaría muy sola”. Su testimonio refleja el impacto positivo que este tipo de propuestas tienen en la calidad de vida de los vecinos de la Ciudad.

Para Jorge, las clases también funcionan como una forma de sanación y motivación personal. “Amo dar clase, amo bailar. Me hace bien a mí, a mi salud y, por qué no, a mi entorno también”, afirmó. En ese sentido, reconoce que busca plantear desafíos a sus alumnos para que puedan evidenciar su evolución con el tiempo: “Busco darles retos para que sientan su crecimiento”.

Además de los beneficios físicos y sociales, hay un componente emocional que atraviesa todas sus clases. “Es un cable a tierra”, sostiene “El Chino” frente a su grupo de alumnos. Y agrega: “Muchas personas vienen después de laburar toda la semana y esto les da una sonrisa, es un mimo al alma”.

La conexión que genera con sus alumnos va más allá del momento del baile. “Somos todos compañeros y todos tenemos el mismo interés, el interés de esta danza, entonces siempre tenemos cosas para compartir y para hablar”, explica Cecilia, que encontró en estas clases una comunidad activa y empática.

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