Ubicada en el Templo de Vesta, la colección reúne libros en varios idiomas, documentos del siglo XVII y materiales científicos que pertenecieron a los primeros directores del Jardín Zoológico. Se puede visitar con inscripción previa.
En el corazón del Ecoparque porteño, un rincón casi secreto emerge como uno de los patrimonios culturales más singulares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se trata de una biblioteca histórica compuesta por 15.000 ejemplares, ubicada en el Templo de Vesta, un edificio donado por la comuna de Roma en tiempos de Clemente Onelli, segundo director del antiguo Jardín Zoológico. Esta joya documental, que permaneció en la sombra durante décadas, fue recientemente restaurada y puesta en valor, y hoy puede ser consultada por especialistas y visitada por el público los jueves y viernes por la tarde, con inscripción previa a través del sitio oficial.
La colección, cuidadosamente conservada en un espacio con condiciones ambientales controladas, resguarda desde incunables del siglo XVII hasta publicaciones de oceanografía, enciclopedias, revistas científicas y ensayos sobre fauna, botánica y geografía. En este sentido, su valor no solo radica en la antigüedad y rareza de los textos, sino en su vínculo con la historia del Zoo y sus primeros directores, quienes utilizaron estos materiales como herramientas de consulta y estudio.
María José Micale, responsable del área de Patrimonio del Ecoparque y una de las principales impulsoras del proceso de recuperación, explicó que la biblioteca «ya existía y, hasta la década de 1970, estaba abierta al público». Sin embargo, con el paso del tiempo los libros fueron desplazados, perdieron su ubicación original y quedaron diseminados en distintos espacios del predio.
En 2019, se firmó un convenio con la Universidad de San Martín y el Instituto Tarea para realizar un diagnóstico inicial del estado del acervo. “Sacamos cada libro de las cajas para ver qué teníamos y tratar las distintas patologías”, recordó Micale. De tal modo, el equipo detectó ejemplares afectados por insectos, humedad y hongos, aunque, según detalló, la situación no era tan grave como se esperaba inicialmente.
La irrupción de la pandemia en 2020 interrumpió el trabajo por casi un año. Posteriormente, la restauración se retomó junto a la Universidad de La Matanza, con quien entre 2021 y 2023 se completó el inventario, se estabilizaron los libros, se restauraron los más comprometidos y se digitalizaron los materiales más frágiles.
En cuanto a su composición, aproximadamente la mitad de la colección corresponde a libros y la otra mitad a publicaciones periódicas. A su vez, una característica distintiva es que la mayoría del fondo bibliográfico no está en español, sino en latín, francés, alemán, italiano, inglés y portugués. Este dato, según Micale, da cuenta del perfil políglota de los primeros directores del Jardín Zoológico, quienes alimentaron la biblioteca con textos provenientes de Europa y vinculados a sus trayectorias personales.
En la misma línea, hay un nutrido grupo de libros relacionados con los límites fronterizos de los países. La explicación se encuentra en la biografía de Onelli, quien antes de asumir como director trabajó junto al Perito Moreno en el trazado limítrofe entre Argentina y Chile. «Claramente esos libros eran su material de consulta», señaló la especialista. También sobresalen ejemplares de oceanografía, reflejo del perfil del tercer director del Zoo, Dago Holmberg, sobrino del primero y científico de formación.
Entre las piezas más singulares se destacan un libro de grabados venecianos en latín fechado en 1690 y una casi completa segunda edición de la Enciclopedia de Diderot de 1797. Según relató Micale, aún no lograron identificar el origen de todos los ejemplares ni determinar a quiénes pertenecieron originalmente algunas obras.
Respecto a la elección del Templo de Vesta como sede de la biblioteca, la decisión fue estratégica y patrimonial. El edificio, que nunca albergó animales, había sido concebido como lactario para madres y niños visitantes. En tanto, al comenzar su restauración, el equipo halló debajo de pisos y paneles originales vestigios como azulejos y estructuras que reafirmaron su carácter higiénico, ideal para la conservación bibliográfica.
El proceso de restauración fue acompañado por arquitectos patrimoniales y la Comisión Nacional de Monumentos. Uno de los debates que surgió fue el color del cielo raso. “Descubrimos que originalmente era azul muy intenso, pero a nadie le convencía recrearlo y se consensuó aplicar un tono más claro, menos estridente”, comentó Micale.
Si bien por el momento la biblioteca no está abierta al público general debido a la falta de personal bibliotecario, sí se habilitan visitas para investigadores y estudiantes con temas definidos. “Les comparto una planilla con el material disponible, ellos eligen lo que desean consultar y coordinamos el acceso”, explicó la responsable. Asimismo, remarcó el creciente interés de investigadores extranjeros por los zoológicos del siglo XIX y principios del XX, lo que refuerza el valor internacional del acervo.
En este marco, Micale expresó su deseo de avanzar en la digitalización completa de la colección para ampliar el acceso y facilitar la consulta remota. “Lo que más me gustaría es democratizar la biblioteca para que cada vez más gente pueda conocerla”, afirmó.
La biblioteca del Ecoparque se presenta, así, como una oportunidad única para redescubrir una parte fundamental de la historia cultural y científica de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A su vez, constituye un legado colectivo que espera ser valorado por las nuevas generaciones, al tiempo que fortalece el rol del Ecoparque como espacio educativo y patrimonial.
