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TURISMO

Benjamin Moser: «Para Susan Sontag, la fotografía puede distorsionar pero también liberar»

Benjamin Moser trabajó siete años en la vida de la emblemática intelectual estadounidense Susan Sontag.

Benjamin Moser trabajó siete años en la vida de la emblemática intelectual estadounidense Susan Sontag.

 
El editor, escritor y traductor Benjamin Moser trabajó siete años en la vida de la emblemática intelectual estadounidense Susan Sontag, realizó más de 500 entrevistas que lo ayudaron a construir la biografía por la que ganó el Premio Pulitzer pero también accedió a los diarios personales que llevó la fotógrafa, escritora y filósofa, lo que le permitió sentirse amparado, «como si toda su vida hubiese estado preparando este libro para un desconocido».

La infancia marcada por la muerte de su padre y una madre llamada «la reina de la negación», la pareja con Philip Rieff y la polémica por su trabajo para el libro «Freud, la mente de un moralista», que se publicó solo con la firma de él, y una maternidad al ritmo de una avidez por la construcción de un camino como intelectual comprometida con su tiempo son solo algunos de los aspectos de la autora de «Sobre la fotografía» o «Ante el dolor de los demás» que se pueden encontrar en esta obra monumental de más de 700 páginas.

En «Sontag. Vida y obra», Moser también reconstruye el diálogo que su protagonista establece con la coyuntura, entonces da lugar a un documento histórico en el que toman forma los debates intelectuales sobre la Guerra de Vietnam, la Revolución Cubana, el comunismo o la lucha feminista focalizando en Sontag (1933-2004) pero explicando los procesos que la atravesaron y sobre los que decidió intervenir.

Moser (Houston, 1976) dialogó con Télam sobre este trabajo editado por Anagrama en el que se involucró a partir de la convocatoria del hijo de Sontag, David Rieff, y para el que los diarios personales de la ensayista fueron una pieza central: «Suena raro, quizás, pero sentí que me estaba amparando, como si toda su vida hubiese estado preparando este libro para un desconocido. Y que fue a mí que me tocó escribirlo», sostiene.

«Ante un mundo escindido, ofreció un yo escindido. Pero si bien la propia Sontag es indisociable de su época, su gran tema se aparta de esta», escribió Moser en las últimas páginas resaltando que la intelectual «nos provino en contra de la mitificación de las fotografías y los retratos, incluidos los de los biógrafos».

En diálogo con Télam, Benjamin Moser habló de su trabajo para construir la biografía por la que ganó el Premio Pulitzer.

En diálogo con Télam, Benjamin Moser habló de su trabajo para construir la biografía por la que ganó el Premio Pulitzer.

-Télam: ¿Cómo fue la propuesta de David Rieff de abordar a su madre para una biografía? ¿Cómo comenzó el trabajo?
-Benjamin Moser:
La propuesta vino por una persona que ambos conocemos. Él había leído mi biografía de Clarice Lispector y pensó que yo sería la persona ideal para hacer la biografía de su madre. Me sentí muy elogiado, por supuesto, pero al mismo tiempo intimidado. Sontag era la reina de la cultura americana durante décadas y tenía una reputación de las más formidables. Cuando empecé la biografía de Clarice, no sabía lo peligrosas que pueden ser las biografías. Y no soy brasileño; no sabía donde se hallaban los campos de minas. En mi país, con una figura mayúscula como es la de Susan Sontag, sabía muy bien. Sentí un escalofrío. Pero sabía que no podía resistir.

-T: El libro contiene las distintas facetas de Sontag, sus innumerables reinvenciones, sin embargo se sostiene esa dimensión de hija de Mildred, algo que la vuelve muy humana y permite al lector no perder de vista esa infancia que todos cargamos e intentamos reinventar. ¿Cómo fue el abordaje de ese aspecto en una figura tan icónica como Sontag?
-B.M.:
Uno de los motivos de mi interés en hacer este libro es que, como Susan, tuve a una madre que bebía. Yo sé exactamente lo que es porque el fenómeno «hijos adultos de alcohólicos» hoy es algo que se conoce, hay libros, hay terapias, pero entonces no. Y Susan se crió con esa madre que sencillamente cerró la puerta cuando la vida se ponía difícil. Y dejó a la niña añorando a esa bella ausente. Es algo que la marcó tanto que casi todas sus relaciones adultas llevarán esa misma característica. Reprodujo este ir y venir.

-T: A lo largo de la biografía asistimos a una Susan Sontag que decía en sus diarios, por ejemplo, que no era una buena persona. ¿Qué le aportó el encuentro con ese material tan íntimo a tu trabajo en la biografía y, por otro lado, qué le aportó a ella esa escritura de forma paralela a sus trabajos publicados?
-B.M.:
Es algo mágico, casi. Ella era famosa por su absoluta seguridad pública. Era la mujer que no dudó, que sentenció, que aprobó, que condonó. Pero en su vida privada era totalmente lo contrario. En cierto momento, adolescente, ella resuelve guardar su intimidad en sus diarios para construir esa figura publica. Sin este material, mi libro habría sido totalmente otro. Porque lo fascinante es como la persona privada está siempre juzgando, mirando, a la figura publica. Son como dos personas que se enfrentan.

-T: Su aversión a vivir sola es algo muy presente en todas las etapas de su vida y ya en su madurez contás que se refugió en un yo alternativo a través de la escritura. ¿No creés, al repasar su vida, que es algo que siempre hizo, a través de la ficción o los ensayos, pero que identificó o reconoció de esa manera en sus últimos años?

«Me sentí muy agradecido a ella por haberme dado una figura tan rica para mi libro»

Benjamin Moser

 -B.M.: Sí, exacto. De cierta manera hasta cuando estaba sola no estaba sola porque estaba con la otra, la «Susan Sontag» entre comillas que describo en el libro. Y esa «Susan Sontag» tiene la realidad que tienen las grandes figuras de la ficción. Ficción es diferente de mentira; es una creación. Y me sentí muy agradecido a ella por haberme dado una figura tan rica para mi libro. Suena raro, quizás, pero me sentí que me estaba amparando, como si toda su vida hubiese estado preparando este libro para un desconocido. Y que fue a mí que me tocó escribirlo.

-T: El cuerpo, la forma de aceptarlo, cómo contarlo, retratarlo o intentar entenderlo fueron un eje de su búsqueda. Las fotos que hizo de ella Annie Leibovitz, su pareja, en sus últimos tiempos, al dar cuenta de cómo atravesaba su enfermedad, fueron un motivo de disputa con su hijo cuando Susan murió, ¿no creés que fue una forma de entrega a esa búsqueda que había sido eje de su obra? Como si hasta último momento esa pregunta por el cuerpo la haya conmovido.
-B.M.:
Es casi increíble que toda esa historia de la muerte y de las fotos de la persona muriendo la anuncia Susan treinta años antes de su propia muerte. Ella cuenta cómo la fotografía puede distorsionar, mentir, torturar pero también liberar, aliviar, ayudar. Enseña cómo esas operaciones no se oponen sino que muchas veces operan simultáneamente. Por eso la fotografía puede ser un ataque y al mismo tiempo un homenaje. Y fue así que las últimas imágenes que hizo Annie fueran recibidas.

-T: ¿Qué fue lo que más te sorprendió o te conmovió de esta vida al finalizar el trabajo?
-B.M.:
Tal vez el dolor que uno siente cuando tu «personaje» muere. Cuando empiezas una biografía, sabes que la persona va a morir, y sabes en que fecha y de qué enfermedad. Entonces no se puede decir que es una sorpresa. Entonces explícame: ¿por qué es tan duro escribir esa muerte? Es casi insoportable.

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