SALUD

La culpa, una emoción que puede arruinar tu vida


La culpa se convierte en lo que la psicología llama culpa desadaptativa cuando se convierte en una emoción frecuente e intensa, que limita nuestro pensamiento (convirtiéndose en un pensamiento recurrente) y desvirtuando el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Esta culpa nace y se agranda ante las normas “morales” que creamos con nuestros hijos, pareja, amigos, trabajo… De tal modo que puede afectar en gran medida a todas las áreas de nuestra vida. Se une a ella un sentimiento de frustración porque parece que solo nos afecta a nosotros, a los demás la culpa no les hace mella.

¿Es saludable eliminar la culpa?

Ser equitativos y sensatos en nuestros juicios de valor nos ayuda a ser personas coherentes y equilibradas. No se trata de evadir las responsabilidades, sino de responsabilizarnos en la medida exacta, evaluando aquellos aspectos que sí están en nuestra zona de control, esforzándonos por lo que sí podemos hacer, y perdonarnos cuando no logramos todo como queríamos.

Vivir “enganchados” a este tipo de emociones negativas sólo hace que pierdas la posibilidad de vivir tu vida disfrutando de cada día con intensidad. ¿Te has preguntado alguna vez qué te estás perdiendo mientras sólo vives con culpa?

Responsabilidad, palabra clave

La culpa desadaptativa es un ataque directo a tu autoestima. Minimiza tus capacidades y cualidades, maximizando tus debilidades y generando pensamientos automáticos negativos que sólo conllevan tu propio automaltrato y la pérdida constante de poder experimentar lo que haces con alegría y tranquilidad.

La única realidad es que no todo es culpa tuya. Y para ello, empecemos por cambiar el concepto, cambia culpa por responsabilidad. La responsabilidad es una palabra poderosa. Hazte responsable de tu vida, de tus problemas y de tu felicidad. No le des esa responsabilidad a los demás.

Libérate también de los juicios de valor de los demás: ¿qué sientes tú? Piensa si quizás estás cometiendo una injusticia contigo mismo/a por lo que has ido aprendiendo durante tu infancia, por normas y/u opiniones de los demás o de autoexigencias que llevas a cuestas.

No hay verdades absolutas

En el sentimiento de culpa, resulta clave ser conscientes de que el protagonismo es nuestro. Los pensamientos y los juicios de valor son ideas, no son verdades absolutas.

El grado de flexibilidad y tolerancia hacia los errores que cometemos o podríamos cometer, nuestra capacidad de aceptarlos y aprender de ellos, nuestra empatía hacia nosotros mismos y hacia los demás, son factores que afectan a nuestras interpretaciones y valoraciones, y que nos pueden ayudar a liberarnos de esa culpa en desequilibrio.

Para ello, es muy importante que te autoanalices y decidas si deseas liberarte de la culpa constante como motor de acción en tu vida.

Piensa en aquellas cosas que fallaste, o has sentido que hiciste mal a lo largo de tu vida, y cómo te afectaron al punto de convertirte en la persona que eres. No se trata de olvidarlo todo. Sino de ser justo contigo mismo. Seguro que podrías haber hecho cosas mejor, pero seguro que también hay hechos y sucesos de los que te culpas en exceso.

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