TURISMO

La historia de un artista que no sabe que lo es, en «Maestro Cafiso»

El libro "Maestro Cafiso" se consigue en las librerías de espacios culturales como Fundación Proa, Malba, el Museo Quinquela Martín y el Museo Nacional de Bellas Artes.

El libro «Maestro Cafiso» se consigue en las librerías de espacios culturales como Fundación Proa, Malba, el Museo Quinquela Martín y el Museo Nacional de Bellas Artes.

En su nuevo libro, «Maestro Cafiso», la periodista María Paula Zacharías narra la historia real de un soldador de Mataderos que a los 80 años descubre que puede hacer impresionantes esculturas -réplicas a gran escala de íconos de la ingeniería como la Torre Eiffel o el Puente Nicolás Avellaneda-, un artista que no sabe que lo es.

Cafiso es un personaje tan anónimo como esencial de la ciudad de Buenos Aires, un jubilado de 80 años que pasa sus días en el barrio de Mataderos, «un maestro desconocido de un arte ignorado: la soldadura», cuyo oficio lo llevó a trabajar en su juventud en los autos del Turismo Carretera.

«Lo que más me atrapó de este personaje fue su sencillez, su humildad y esa pasión por crear que no está contaminada por especulaciones de la carrera del artista profesional, algo genuino en su trabajo además de cierta ingenuidad y la maestría técnica», cuenta la autora en una entrevista con Télam.

La historia transcurre, según relata el libro, en «un barrio de compadritos de ayer y talleres mecánicos de hoy. El nombre le quedó de cuando en ese extremo de la ciudad de Buenos Aires se hacía la faena del ganado que llegaba de provincias» aunque «ya no hay matanzas en Mataderos sino un Museo Criollo de los Corrales y una feria tradicional donde se bailan danzas típicas, se venden artesanías y se comen los mejores choripanes».

La periodista se zambulle en la casa taller del artista y lo muestra realizando fundiciones con el soplete, una alquimia que Zacharías equipara con «un minúsculo volcán en erupción» y que el propio Cafiso compara con algo «que no es distinto del amor».

«Es no ficción, pero el tono del relato es parecido al de la novela, y me permití ser yo misma un personaje»

María Paula Zacharias

El libro es también «un homenaje a todos los artistas que trabajan en su casa, en soledad, con esa pasión por crear en estado puro, sin especulaciones», cuenta Zacharías sobre el volumen publicado por India Ediciones, encuadernado a mano, cosido y estampado en su portada.

Télam: ¿Cómo llegaste a la historia de Carlos Cafiso? ¿Cómo lo conociste?
María Paula Zacharías: La historia de Cafiso me llegó a través de la artista Daniela Trajtenberg, que desde 1989 trabaja en pintura, el teatro, el cine y la fotografía. Como gestora fue fundadora de Espacio Ecléctico. Es una artista súper formada en Nueva York, Londres y Oxford, y es tremendamente sensible. Cuando comenzó a hacer escultura buscó un maestro que le enseñara a soldar, porque necesitaba hacer grandes estructuras geométricas en metal. Buscó al mejor, y todos le señalaban a Cafiso. A la primera clase, Cafiso llegó vestido de traje y con zapatos de baile, porque después se iba derecho a una milonga. La soldadura para él es como respirar, lo hace desde que es muy chico, con tal maestría que no usa mascarilla. Le enseñó a soldar a Daniela, pero también le fue contando su vida y resultó apasionante. Ella tuvo la idea de este libro y yo, deseosa de escribir su historia, que tiene mil aristas.

T: ¿Cómo definirías las obras que él realiza?
MPZ: Cafiso es un artista conceptual sin marco teórico, que se impone reglas obsesivas y exigentes para su obra y la desarrolla con su propia y virtuosa mano. Construye réplicas de íconos como la Torre Eiffel o el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda con un nivel de detalle increíble, buscando planos, tomando medidas, sumando luces y movimiento. Todo lo hace en metal, soldando, porque ese es su arte. Es un escultor.

T: Decís que Cafiso, a sus 80 años, es un artista sin saber que lo es. ¿Por qué?
MPZ: Él comienza a preguntarse si lo suyo es arte. Empieza ver que aquello que se hace sin más fin que el placer que le da hacerlo, por pasión, por necesidad… es arte. Se da cuenta de que ese trabajo minucioso y sin fin práctico o comercial que realiza es lo que le da felicidad y tímidamente se pregunta si puede llamarse arte. Y entonces creo que tiene razón. Como digo en el libro, «me quedo con mi natural respeto a la destreza técnica, los hombres sencillos, los sueños concretados, las pequeñas epopeyas privadas, el culto al oficio, la trayectoria comprobable y la autoinscripcion en el campo del arte. Me quedo con la democratización del arte que abraza a quien quiera colarse en sus filas: un artista para cada espectador, una obra para cada gusto. No suscribo la idea de que existen seres iluminados con ojos biónicos, capaces de detectar las cualidades intrínsecas de un buen arte».

T: ¿Qué fue lo que más te atrapó de la historia de vida de este personaje?
MPZ: Su sencillez, su humildad, esa pasión por crear que no está contaminada por especulaciones de la carrera del artista profesional, algo genuino en su trabajo además de cierta ingenuidad y la maestría técnica. Y esa cosa un poco absurda que tienen las pasiones: ¿por qué un jubilado de Mataderos querría dedicar sus últimos años de vida a hacer una réplica de la Torre Eiffel? Bueno, creo que eso es el arte.

T: En el libro relatás también algunas de las pasiones de Cafiso, como la milonga, el automovilismo o el billar. Estos hobbies te permitieron también contar «una historia de Buenos Aires»?
MPZ: Claro que la historia es completa porque tiene todos estos condimentos. Cafiso fue chapista en la era dorada del Turismo Carretera, milonguero y maestro de billar. Con su historia me pasea por rincones de la ciudad, me revive mis propias historias, o me hace buscar otras olvidadas que me dan ganas de contar. Y está también su historia de amor, que es otro eje, ese romance que tiene seis décadas con su primera novia, pero que nunca pudieron vivir plenamente. Hoy son novios otra vez, pero jamás vivieron bajo el mismo techo. Es un culebrón hermoso. Este libro me permitió por primera vez centrarme en una historia mínima, pero profunda, y reivindicar a los artistas anónimos, esos que trabajan en sus talleres toda la vida pero que no les interesa mostrar o vender su trabajo. Es no ficción, pero el tono del relato es parecido al de la novela, y me permití ser yo misma un personaje. La primera persona es algo que hasta ahora me tenía vedado.

El libro «Maestro Cafiso» se consigue en las librerías de espacios culturales como Fundación Proa, Malba, el Museo Quinquela Martín y el Museo Nacional de Bellas Artes.

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