TURISMO

Ana Basualdo y Martín Caparrós conversaron sobre la crónica, los géneros y las redacciones

 

Martín Caparrós

Martín Caparrós

La crónica y sus derivas, el límite entre la no ficción y el periodismo y diferentes formas de habitar las redacciones fueron algunos de los ejes sobre los que Martín Caparrós y Ana Basualdo conversaron en el marco del Festival Basado en Hechos Reales, evento que los unió a través de una charla coordinada por Javier Sinay.

Basualdo desde Barcelona y Caparrós desde Madrid comenzaron contando que no se conocían personalmente y planearon encontrarse una vez finalizada la pandemia, que los tiene trabajando en un proyecto sobre las terrazas como espacio de encuentro, en el caso de ella, y en un libro sobre América Latina, en el caso de él.

Bajo el título «Cómplices a distancia», la entrevista de Sinay comenzó con un interrogante acerca de qué temas puede traer la pandemia a la hora de ejercer el periodismo. Basualdo se adelantó y convocó a Caparrós a responder porque dijo que a ella la pandemia le producía «parálisis».

La autora del reciente libro «El presente», una selección de sus crónicas que van desde los años 70 hasta el 2020, dijo que «está todo entre paréntesis o hay un tiempo paralelo del entretenimiento, de olvidarnos de lo que pasa, de opacar la angustia, el miedo al contagio» y señaló que «vivir en la ciudad» produce «que confinen o que uno tienda a confinarse, más teniendo 75 años y problemas respiratorios».

«Esto deprime mucho y me paraliza porque salvo el trabajo obligatorio no tengo fuerzas para algo distinto, para una mirada que le sirva a alguien», expresó la cronista que habitó las redacciones del semanario Panorama y los diarios El País y La Vanguardia.

Caparrós señaló que es muy difícil poder proyectar porque señaló que «el principal efecto es que la pandemia nos ha demostrado que es imposible saber qué viene» y tomando la frase de Trotsky sobre «la revolución permanente» hizo referencia a un artículo suyo en el que desarrolló la idea de «la provisoriedad permanente».

«Es a lo que esto nos está acostumbrando. Siempre hay un condicional. Es verdad que el imprevisto siempre está pero el gran esfuerzo de nuestras vidas es hacernos los boludos y pensar que no existe», sostuvo.

Por estos días Basualdo dijo que está escuchando «muchísimo» la radio, leyendo los diarios, pero sostuvo que «se dan vueltas alrededor de lo que nos va pasando» y lo que más la desconcierta «son los tiempos distintos que se viven durante un mismo día».

«Para tener y restaurar cierta normalidad -manifestó- no hay más remedio que recurrir a un tiempo paralelo que no es real» y se definió hoy como una periodista que está «en un lugar de post oficio, en un lugar muy marginal y esporádico», entonces no siente «ni el deseo ni el deber de escribir sobre la pandemia».

A Basualdo se la puede leer en la revista cultural y mensual «La maleta de Portbou», donde se publicaron originalmente las últimas crónicas que componen el libro «El presente» y donde publicará el trabajo que está haciendo sobre el urbanismo en Barcelona.

«Trabajé en el diario La Vanguardia en los años 80, es un diario que quiero, que leo y es el único que compro pero la cobertura de la ciudad de Barcelona ha sido terrible, entonces de golpe tuve ganas de contar eso, de hacer un relevamiento. Me gusta contar esas cosas que nadie cuenta», precisó.

El autor de «Lacrónica» y «El hambre» trabajó en este último tiempo sobre América Latina para tratar de entender a una región que, según repasó, «la última gran mirada de conjunto que tuvo fue ‘Las venas abiertas de América Latina’ que se publicó en un mundo y un continente totalmente distintos».

Organizado en textos según ciudades y problemas, Caparrós contó que el libro ya está «casi terminado» pero se fue postergando la publicación porque quiere que «tenga una especie de «epílogo covid» y para ver «qué efecto tiene la pandemia sobre la región» y considera que para eso debe esperar a marzo.

Sinay preguntó si hay «un método Caparrós» y el coautor de «La Voluntad» dijo que «consiste en tratar de resistir a la tentación de contar absolutamente todo sobre algo» porque enfatizó: «El trabajo consiste en elegir qué problemas aislar para contar».

A su vez, contó que trabaja muy poco con un editor, aunque a veces le encantaría hacerlo con alguien que lo editara, cuando «uno que dice dos palabras de más», le ladra «en cuatro idiomas».

Sin embargo, identificó a un editor con el que le hubiera gustado trabajar: Tomás Eloy Martínez, quien fue editor de Basualdo en Panorama pero a él solo una vez le encargó una nota, cuando editaba el suplemento cultural de Página 12 y le pidió una crónica sobre un programa de Mirtha Legrand.

Ella lo describió como alguien «extraordinariamente estimulante», con la capacidad de saber «perfectamente lo que cada uno sabía hacer mejor» y que solía pedir «detalles, precisiones, no enfatizar sin necesidad».

Entre las crónicas que reúne «El presente» está la que le pidió Martínez cuando se cumplieron 20 años de la muerte de Evita y Basualdo, que militó en la JP unos pocos pero «intensos meses», dijo que es un artículo que la pone «nerviosa» porque si bien «está investigado, trabajado», consideró que «a medida que avanza se va notando un entusiasmo evitista que no está bien» en una periodista de sus «rasgos». «Sobria, por así decir «, afirmó.

Como dijo habérselo dicho vía carta, Basualdo se animó a afirmar que no le gustaron ni «La novela de Perón» ni «Santa Evita», sin embargo ubicó como los mejores libros de Tomás Eloy Martínez a «Lugar común la muerte» y «La pasión según Trelew».

En esa línea, la autora del libro de cuentos «Oldsmobile» subrayó que, ante «la vieja historia sobre si la crónica es literatura o no», hay que revisar «Lugar común la muerte», donde hay un texto que abre el libro y se llama ‘Perón sueña con la muerte ‘ porque «es literatura, la idea inicial es literaria».

Para Caparrós, «tanto la no ficción como la novela son igualmente literatura, el tema es que hay un pacto de lectura distinto en el que uno dice ‘esto que cuento es verdad y esto no'».

Sinay los invitó a pensar en qué cambiarían de sus carreras e inmediatamente Basualdo dijo que haberse ido de La Vanguardia «porque era un lugar bastante interesante para seguir trabajando» y puntualizó: «Tuve un berrinche y me alejé del periodismo porque empecé a trabajar en revistas de decoración, de arquitectura, ese fue el gran error. Uno debería calibrar lo que le conviene. Creo que me fui demasiado pronto, me hubiese ido igual. Reemplazar la calle por la pantalla no me gustó y las redacciones se habían convertido en algo muy frío».

Caparrós lamentó «no haber trabajado más en radio» porque es un espacio que no habita desde el año 84 pero al mismo tiempo reconoció que «fue una elección porque para hacer radio hay que hacerla todos los días» y él no estaba dispuesto a eso.

El cronista coincidió con su colega en su observación acerca de lo que han cambiado las redacciones y relató que hace unos años entró a la de El País y vivió «un momento de desconcierto, pasaba algo que no sabía qué era» hasta que advirtió que «lo que faltaba era el ruido de las máquinas de escribir porque estaban las computadoras».

Ante lo que Basualdo agregó que es un cambio notable porque describió a «la pantalla» como «hipnotizante» en redacciones donde además «hay poca comunicación entre los escritorios».

Pero ante la pregunta de Caparrós por un contexto «en el que parece que se ha descubierto que las redacciones no son necesarias», Basualdo se mostró optimista: «A lo mejor se vuelve a descubrir la calle».

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