SALUD

Es sorda, pero superó todas las barreras y hoy es médica obstetra


En la Semana Internacional de las Personas Sordas, compartimos la historia de vida de Melisa Canónico (38). Melisa padece hipoacusia neurosensorial bilateral desde que nació y a los dieciocho años decidió someterse a una operación de implantes cocleares en ambos oídos, cuando todavía esta tecnología era poco conocida en la sociedad.

A partir de entonces,  no sólo pudo comenzar a escuchar, sino que también comenzó a ejercitar el habla, aprendió a disfrutar de la música, logró recibirse de médica en Universidad de Buenos Aires y ahora afronta el desafío de trabajar en medio de una pandemia, superando las barreras comunicacionales que implican el distanciamiento social y el uso de mascarilla para las personas sordas. 

Una nena decidida

Desde que le diagnosticaron hipoacusia neurosensorial bilateral, cuando apenas era una niña, Melisa se resistió a ir a un colegio para personas sordas e hizo la primaria y la secundaria en una escuela común. Si bien cuenta que le costó aprender, siempre estuvo acompañada de un equipo interdisciplinario y de su familia, quienes la ayudaron con la rehabilitación lingüística, la escritura y la comprensión. Melisa se resistía a aprender el lenguaje de señas: quería hablar.

Pero cuando cumplió dieciséis años, Melisa conoció la existencia de un dispositivo que cambiaría su vida por completo: el implante coclear. Pese a la resistencia del equipo fonoaudiológico y de sus padres, que aún no confiaban en esta novedosa tecnología auditiva, a los dieciocho años tomó la decisión de operarse.

Al principio sentí incertidumbre y mucho miedo, pero era o todo o nada y yo fui por todo: me implanté los dos oídos”, cuenta Melisa que no exagera cuando dice que fue por todo, ya que, apenas unos meses después de la operación, comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires y empezó una relación amorosa.

Cuando me encendieron los implantes lo podía creer. Fue mucha emoción y mucha confusión porque no entendía nada. Fue como volver a nacer”.

Ayudarse para ayudar a los demás

Yo siempre supe que quería ayudar a los demás”, dice Melisa sobre por qué eligió la carrera de medicina. “Cuando empecé a estudiar en la universidad me costó, había muchísima gente y mucho bullicio. Pero siempre me sentaba adelante y mis compañeros me ayudaban a tomar apuntes. Con el tiempo me fui adaptando”, recuerda.

Entre algunas de las dificultades que se le presentaron cuando comenzó a realizar las prácticas hospitalarias, Melisa descubrió que no podía escuchar a través del estetoscopio. Es por ello, que tuvo que buscar un aparato que fuese apto para personas con implantes cocleares, además de seguir trabajando para aprender a escuchar el ritmo cardíaco y respiratorio. “Yo necesitaba poder escuchar el corazón”, dice.

A partir de su experiencia con las prácticas médicas y luego de haber presenciado un parto que, según sus propias palabras, fue “lo más hermoso del mundo”, Melisa tomó la decisión de seguir la especialidad de ginecología y obstetricia. Después de un largo camino, “Meli”, como le dice su familia, pudo obtener el título de médica y empezar a trabajar en un hospital.

Todo se transforma

Desde que tomó la decisión de implantarse, en el año 2000, la tecnología de los procesadores de audio de MED-EL ha ido evolucionando y Melisa ha podido disfrutar de las mejoras tecnológicas gracias a la compatibilidad de los nuevos procesadores de audio con su parte interna. Esto le permitió ir mejorando su audición y comenzar a diferenciar tonos y contrastes.

Al principio, los primeros años después de haberme implantado, la tecnología era más rudimentaria y el sonido me llegaba como ‘robotizado’. Con el paso de los años, pude ir cambiando la parte externa del implante y ahora el sonido es más parecido a una música. Además, gracias a la calibración, puedo diferenciar distintas voces y tonalidades”, explica.

Un desafío más

Hace seis meses que Melisa no ve a su familia y, a pesar de la pandemia, continúa trabajando. Pero, al igual que cuando hacía la residencia, la contingencia sanitaria la puso a prueba de nuevo con otra barrera comunicacional: el uso de barbijo y el distanciamiento social.

Esta etapa es muy agotadora y cansadora, pero, aun en este contexto, sigo trabajando, entendiendo mis propias limitaciones y dando hasta donde puedo dar, sin poner en riesgo la vida de los demás”, dice Melisa, quien encontró en la telemedicina una salida segura para atender a muchas de sus pacientes y recomienda el uso de barbijo transparente o inclusivo, fundamental para que las personas sordas puedan comunicarse.

Después de haberse sometido a la cirugía de implantes cocleares, Melisa no sólo pudo recibirse de médica, también viajó por todo el mundo, aprendió otros idiomas, conoció gente, aprendió a disfrutar de la música y se divierte con los dibujos animados, aquellos que no podía entender cuando era una niña. Pero ahora, después de haberse enfrentado al miedo y a los prejuicios, tiene un desafío más: quiere ser mamá.

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